"Familia Albertiana" es un movimiento nuevo que desea compartir el carisma y la espiritualidad con los laicos

CUARESMA: camino de conversión 
Hoy Dios te convoca. 
Hoy Dios sale a tu paso. 
Hoy Dios te sugiere, con susurro de invitación: 
Vuélvete a mí. Te estoy esperando. 
Rasga tu corazón y purifícalo de todo lo que le aparta de mí. 
Pregúntate: ¿Quién es tu dios? 
¿A quién o a qué adoras? 
 Hoy Dios te dice: Este es el tiempo oportuno. 
Esta es una nueva oportunidad. 
Este es un día de salvación. 
En nombre de Dios: “Déjate reconciliar con Dios”.


CUARESMA: camino de conversión
EL FARISEO Y EL PUBLICANO ( Lucas 19, 10-14)
Saber reconocer nuestro pecado.

En esta parábola del fariseo y el publicano la parte ostentosa y “mala” la hace un hombre que según la Ley era “bueno”, justo y cumplidor de la Ley.

La parte buena, regia, admirable, la hace un hombre que traficaba con su oficio, un recaudador de impuestos que se beneficiaba con las trampas y el chantaje.
 Jesús presenta los hechos de tal manera que nos molesta el hombre justo puesto odiosamente de pie ante el altar y nos resulta en cambio agradable el hombre pecador que se golpea el pecho en el fondo del templo reconociendo su pecado.

En la parábola del hijo prodigo, ocurre algo semejante. El hijo menor, que abandona a su padre y malgasta sus bienes en una vida libertina, es el héroe de esta parábola. En cambio el hijo mayor que aparentemente es bueno, que es fiel a su padre, termina haciendo un papel mezquino.
En la parábola de la oveja descarriada es precisamente ésta el objeto de toda la fiesta. Las noventa y nueve no le dan al pastor tanta alegría.

En la parábola de los obreros de la viña, reciben una dura amonestación los que han trabajado todo el día. Los otros, los últimos, fueron pagados primero y con el mismo salario de los demás.
 En la parábola del buen samaritano, el levita y el sacerdote, que llevan una investidura sagrada, se comportan sin corazón ante el herido. En cambio el papel de la perfecta caridad lo hace un pagano.

 DESPERTAR EN NOSOTROS LA CONCIENCIA DEL PUBLICANO.
Nos presentamos como los más justos, los virtuosos y más honorables que los demás. Aceptar que somos pecadores y que estamos en un camino de conversión.
Aceptar en lo íntimo de nuestro ser que somos pecadores.
Sin embargo, ser un “buen publicano” implica un paso de conversión: reconocer el pecado y actuar para vencerlo.
 Somos comunidad. Juntos caminamos en este tiempo de Cuaresma hacia Jesús. Juntos nos cuidaremos en esta ruta, porque el amor es nuestra seña. Juntos nos ayudaremos con el ayuno que Dios quiere (la misericordia),  la limosna (el compartir) y la oración (la unión de corazones con el Señor). Juntos y con la proximidad del Espíritu, tan discreto y tan buen acompañante.
¡Qué tiempo tan espléndido para hacerlo realmente en comunión! Preocupados unos por otros, sin individualismos, teniendo una mirada más amplia que la propia.
 La Cruz será nuestra señal y nos guiará. Acoger la cruz, cargar con ella, asumirla, llevarla con garbo y alegría. Ser pequeños Cirineos con los que no puedan con ese peso. Cuaresma, tiempo de solidaridad.
 Si las fuerzas decaen, ya vemos dónde anda la gasolinera: ayuno, limosna y oración. Tan sencillo y, a veces, cómo nos aturrullamos en el camino.
Nos encontraremos con baches y con dificultades. Tropezaremos en la piedra (¿cuántas veces?). No importa. El perdón de Dios es más grande que nuestras caídas y torpezas.
Y, al final, Cristo Resucitado, que vence al pecado y a la muerte. Hacia Él caminamos. ¡Buena ruta, MFA!

CUARESMA: Camino de Conversión
Deuteronomio 30,15-20
"Pongo hoy delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la infelicidad".
Vivir de fe es una experiencia radical. No se puede estar con un pie dentro y con el otro fuera. Claro que Dios es paciente, que está con nosotros a medida que vamos moldeando nuestra vida a su imagen. Pero la Cuaresma es siempre un cambio profundo. Es tiempo para decidirnos si estamos con Dios o si lo dejamos a un lado. Si aceptamos la vida abundante que Él nos ofrece o si preferimos hundirnos en nuestra mezquindad.
04
Tú me conoces bien, Dios de la luz.
Me encuentro indeciso.
No tengo claras todas las opciones.
  • ¿En esta Cuaresma, conseguiré decidirme?
  • ¿Lograré superar el miedo y dejarme invadir por tu ternura?                          
  •                                       ¡No me dejes solo, Señor! 

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